Abordaje Neuropsicológico en la Enfermedad de Parkinson

2017-04-06    |    Artículos, Parkinson, Neuropsicología, Pacientes

Hoy hablaremos del segundo trastorno neurodegenerativo más frecuente, la enfermedad de Parkinson (EP).

La EP es un trastorno crónico producido por la pérdida progresiva de neuronas en la Sustancia Negra del cerebro, en concreto de la parte compacta. Las neuronas de esta área producen Dopamina, un neurotransmisor implicado en el control y regulación del movimiento, y se envía al Cuerpo estriado. Al morir las neuronas, todo este circuito queda alterado generando la sintomatología típica del Parkinson: temblor de reposo, rigidez muscular, bradicinesia e inestabilidad postural.

A medida que la neurodegeneración progresa, aparecen los síntomas cognitivos. En los estadios más iniciales, éstos son sutiles y no afectan a las actividades de la vida diaria, siendo necesaria una exploración neuropsicológica completa para detectar alteraciones.

Por lo general, el perfil neuropsicológico de la EP se caracteriza por un trastorno progresivo en las Funciones Ejecutivas; es decir, por dificultades en la planificación, y concentración, la adaptación a situaciones nuevas, la toma de decisiones y en la inhibición de respuestas automáticas. Todos estos aspectos son clave, puesto que representan un conjunto de procesos mentales que nos permiten adaptarnos a cada situación y que influyen en el resto de funciones cognitivas.


 Figura 1. Ejemplo del Wisconsin Sorting Card Test, útil para evaluar las funciones ejecutivas.


Por ello, encontraremos también alteraciones en otras áreas como:

- Atención: se incluye la atención sostenida, selectiva, alternante y dividida.

- Velocidad de procesamiento: proceso cognitivo referido al tiempo entre la recepción de un estímulo y la emisión de una respuesta. En la EP se encuentra alterada desde etapas iniciales y se manifiesta como una lentitud cognitiva general, que se acentúa cuando el paciente debe realizar tareas que requieren de varios procesos cognitivos.

- Memoria: inicialmente, a pesar de que los pacientes con EP se quejen de problemas de memoria, la alteración mnésica es secundaria a problemas de atención, de memoria de trabajo y de velocidad de procesamiento. La memoria inmediata visuoespacial se altera antes que la memoria verbal. Las dificultades en la memoria a largo plazo aparecen más tarde y en menor intensidad, y están frecuentemente asociadas a trastornos emocionales como la depresión.

- Lenguaje: hasta el 80% de los pacientes con EP manifiestan dificultades en la comprensión y expresión del lenguaje, especialmente debido a problemas articulatorios. Se unen alteraciones en el volumen de voz (hipofonía) y en la entonación.

- Capacidades visuoespaciales: encontramos dificultades en la percepción y la manipulación mental de objetos y figuras, y en la abstracción espacial; también en tareas de reconocimiento facial e incluso en la praxis visuoconstructiva.

- Emociones: a menudo, los aspectos psicológicos de la EP se ven infravalorados a pesar de que influyen desde las primeras etapas. En algunos casos, pueden aparecer síntomas como la apatía y abulia, obsesiones y compulsiones, aplanamiento afectivo, baja expresividad facial y la depresión endógena.

Al tratarse de un proceso neurodegenerativo, en las etapas más avanzadas, entre un 20% y 40% de los pacientes con EP desarrollan Demencia. Son factores de riesgo la edad avanzada, la presencia de alteraciones emocionales (depresión, impulsividad, ansiedad…) y una baja estimulación cognitiva desde el inicio de la enfermedad.

 

¿Cómo puede ayudar la Neuropsicología en la EP?

El tratamiento neuropsicológico es esencial en la EP y ha demostrado ser de gran utilidad en la evolución del trastorno ya que ayuda a preservar mejor y por más tiempo las funciones cognitivas. 


Desde Neuropsicología, el objetivo es mejorar la calidad de vida del paciente ralentizando al máximo la progresión de la enfermedad. Para ello, después de una exploración completa de todas las áreas, realizaremos sesiones adaptadas al paciente, según su sintomatología y la etapa del trastorno en la que se encuentre.

 Es recomendable iniciar la estimulación cognitiva cuánto antes, desde los estadios más iniciales de la EP; es decir, cuando aparecen los síntomas motores pero aún no hay signos de deterioro cognitivo. El objetivo es potenciar al máximo todas las áreas cognitivas de la persona e incrementar su reserva cognitiva para aumentar la plasticidad y conectividad del cerebro; esto es clave ya que se ha demostrado que retrasa la neurodegeneración.

El hecho de implicar al paciente en actividades cognitivamente estimulantes y mantener una rutina activa y social, ayudará también a prevenir los síntomas emocionales subyacentes que, como hemos visto, son un factor de mal pronóstico en la evolución de la EP.

Cuando aparecen los primeros déficits cognitivos, es importante mantener la estimulación cognitiva, pues se fortalecen las áreas cognitivas preservadas y se minimiza la progresión del déficit, alargando así la autonomía y calidad de vida del paciente.

A medida que la neurodegeneración progresa, el trabajo neuropsicológico ha de incluir las denominadas técnicas de compensación; se instruye al paciente en estrategias que potencien la reorganización funcional, es decir, que las funciones intactas del cerebro asuman la función de aquellas dañadas de modo compensatorio. Además, se enseña a hacer uso de ayudas externas (como agendas, calendarios, alarmas, etc.) y se implica a los familiares dando pautas de actuación en casa.

Por último, las sesiones se realizan de modo individual y personalizado para cada paciente con el fin de optimizar al máximo el tratamiento neuropsicológico. 

 

Silvia Marcó

Neuropsicóloga NC: 19180

Experta en Neuropsicología Clínica por el Colegio Oficial de Psicólogos

Responsable del Servicio de Neuropsicología del Centro Perfetti

 




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